Concientización del consumo de sal

¿Cuántas veces agregamos sal sin probar la comida? ¿Conocemos el valor de nuestra presión arterial? Existe relación entre el consumo de sal y la probabilidad de presentar hipertensión arterial. Además se conocen otras variables que impactan y aumentan el riesgo de ser hipertensos.

Sabemos que a partir de los 50 años, las arterias pueden perder elasticidad y por ende, es posible encontrar registros de presión más elevados. El riesgo aumenta si la persona tiene sobrepeso. Según el NHANES (estudio que evalúa el comportamiento de distintas variables de la salud con seguimiento a largo plazo), revela que el 40% de los hombres obesos y el 32% de las mujeres con IMC mayor a 30 presentan hipertensión arterial.

La buena noticia es que con el descenso del 10% del peso corporal (persona que pesa 100 kg, y logra bajar a 90 kg con un plan adecuado y ejercicio) logramos reducir la presión entre 10 y 20 mmHg.

Las personas que fuman tienen mayor riesgo de presentar hipertensión secundaria a una acción de la nicotina sobre la pared arterial, que reduce la liberación de una sustancia (el óxido nítrico) que facilita la relajación de la arteria, por ende las arterias se encuentran más “rígidas”.

Una reciente publicación del Journal of Clinical Hypertension estima que el 30% de la hipertensión arterial (HTA) se debe al elevado consumo de sodio. Sin embargo, ciertas personas presentan una mayor sensibilidad al sodio que otras.

Estudios realizados en la Fundación Favaloro —en colaboración con investigadores de las Universidades de Harvard y Michigan en los Estados Unidos—determinó que 1 de 2 personas hipertensas y el 26% de las personas con presión arterial normal pueden presentar una mayor sensibilidad a la sal. Aquellos individuos “sensibles a la sal” poseen registros más elevados de presión en relación a otros que consumen la misma cantidad de sal en la misma comida.

Por ende, estas son las personas que más se benefician al seguir una alimentación baja en sodio. Se observó que las personas de raza negra son más sensibles a la sal que los de raza blanca. También lo son las mujeres, los adultos mayores y los diabéticos. La buena noticia es que una restricción del consumo de sal en estos individuos permite que la presión arterial disminuya.

La recomendación actual es no superar los 2400 mg de sodio, equivalente a 6 g de sal, que es la cantidad de sal que “entra” en una cucharadita de té. ¡Ojo! No todo se limita al salero.

Las principales fuentes de sodio son:
– El 10-12% del aporte de sodio proviene del salero,
– El 15% se encuentra naturalmente en frutas, verduras, pescados, carnes, legumbres,
– 73-75% restante lo incorporamos con los productos que compramos en el supermercado o consumimos en el restaurante: fiambres, embutidos, quesos, snacks, productos de copetín, panes, galletitas, algunos enlatados, aderezos, principalmente en la salsa de soja, pizzas, fast food, empanadas, etc.

El 34% de los argentinos es hipertenso. Según la Encuesta nacional de factores de riesgo, entre 2009 y 2013, se redujo al 17,3% el agregado de sal a la comida al cocinar o en la mesa (previamente era del 25,3%), revelando una mayor conciencia de las personas al momento de salar sus comidas.

Es posible utilizar otros condimentos y descubrir sabores con especias, hierbas y moderar el consumo de productos muy salados, prestando atención al rótulo de las etiquetas. Para reconocer los productos, es importante evaluar el aporte de sodio por porción y sabemos que un alimento es bajo en sodio cuando presenta menos de 120 mg de sodio por porción.

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