Así luce la Cámara de Diputados tras la suspensión total de labores en el recinto por coronavirus

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Es por ello que este día, el recinto ubicado en San Lázaro amaneció desolado, y en el transcurso del día eran contadas las personas que se podían ver en su interior. Prácticamente todas ellas eran parte del servicio de seguridad encargado de vigilar los accesos.

Y es que este miércoles, Laura Rojas, la presidenta de la Cámara Baja, había anticipado que las labores presenciales se suspenderían definitivamente y hasta nuevo aviso. “Les pido a nuestros colaboradores que se queden en casa y se cuiden. Seguiremos trabajando a distancia”, indicó.

Por su parte, Mario Delgado, coordinador de los diputados del gobernante Morena, que ostenta también la mayoría en ambas Cámaras, indicó que la única excepción era para el personal de resguardo y seguridad del recinto. Sin embargo, añadieron los órganos de gobierno de la Cámara, “en todo momento se privilegiará la salud de las y los trabajadores”.

Ya el primer día las diferencias fueron notorias. Este jueves, el patio principal de San Lázaro era una nave de cemento silenciosa donde ni siquiera la bandera colocada en el asta en el centro del lugar ondeaba con entusiasmo. El lugar, donde miles de personas caminan, conversan, esperan y atraviesan a diario parecía un escenaio apocalíptico.

Asimismo, los pasillos internos, las oficinas y los cubículos administrativos estuvieron en completa calma, totalmente diferente a la intrincada pero ordenada vida diaria de los trabajadores de la Cámara, que con sus conversaciones, cuchicheos y algunas veces incluso risas le dan vida a los escritorios y espacios comunes.

Incluso la cafetería del recinto, donde nunca falta una fila para adquirir algún producto o comida, es ahora un pequeño cuarto de cristal donde no se ofrece ningún servicio ni hay trabajadores listos para atender al siguiente cliente.

Lo mismo pasa con la sala de prensa y el espacio habilitado para las ruedas de prensa de los legisladores: las cámaras de televisión se mantienen erguidas, pero nadie las opera ni hay reporteros que busquen alguna entrevista. Las computadoras se encuentran apagadas y en completo silencio.

Lo mismo pasa con los salones donde se llevan a cabo foros, reuniones de comisiones y otros eventos: las sillas plegables se encuentran listas para ser ocupadas, al igual que las mesas con sus largos manteles verdes, pero no hay ningún asistente, legislador o curioso que las ocupe.

Con cada anuncio, el flujo de personal disminuía considerablemente. Este jueves, llegó prácticamente al límite. Y es que San Lázaro puede albergar, en un día normal, a casi 6.000 personas. Hasta ayer, eran unas 900. Hoy, es prácticamente imposible divisar alguna al interior.

Las medidas no son caprichosas. En México, el coronavirus ya ha contagiado a 475 personas y ha causado siete decesos, más el de un mexicano que se encontraba en Perú. Además, el número de casos sospechosos se ha disparado, actualmente hay 1,656, mientras que 2,445 casos negativos en el país.

Esto, aunado a que se presentaron contagios locales más allá de los importados que aparecieron en un primer momento, obligaron a las autoridades a anunciar la fase 2 de la epidemia en el país, intensificando las actividades de mitigación y contención a lo largo del territorio nacional.

Además de la Cámara de Diputados y el gobierno federal, salvo las dependencias como salud, seguridad, limpieza y energía, han detenido suspendido sus sesiones y actividades no esenciales el Senado, el Poder Judicial y las escuelas de todos el país, así como algunas empresas, que han implementado el “home office” para aquellas labores que se pueden realizar de forma remota.

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